Magnesio para el estrés
En la antigüedad, el estrés era una condición natural útil para poner al cuerpo en alerta. Era fundamental para preparar al organismo a actuar en caso de peligro.
De hecho, las hormonas del estrés, como la adrenalina y la noradrenalina, cuando se liberan en el cuerpo, dilatan los bronquios, elevan la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y mejoran el suministro de oxígeno a los músculos y al cerebro. Todo esto era necesario para aumentar la eficiencia en caso de fuga.
Hoy en día, sin embargo, el estrés no suele deberse a una situación en la que el cuerpo deba prepararse para una fuga.
Por lo tanto, el aumento de estas hormonas del estrés ejerce su influencia sobre el organismo. El magnesio, entre otras funciones, actúa como un “mineral antiestrés”.
Magnesio y sueño
Este mineral regula la liberación de hormonas del estrés. El magnesio participa en la síntesis de diversos neurotransmisores, como dopamina, noradrenalina, serotonina, melatonina y GABA. Los enzimas implicados en estas reacciones necesitan del magnesio como cofactor de activación. Por lo tanto, una deficiencia de este mineral puede influir negativamente en la función neurológica.
La serotonina es una endorfina que actúa sobre receptores específicos en el cerebro, ejerciendo efectos analgésicos, antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo. La dopamina, por su parte, influye en el control del comportamiento y del movimiento voluntario, además de ser responsable de la atención, la memoria y el aprendizaje.
El magnesio también desempeña un papel importante en el mantenimiento de la actividad eléctrica correcta del cerebro mediante la regulación del equilibrio glutamato/GABA.
Un exceso de uno u otro puede tener repercusiones significativas en el bienestar psicológico. En situaciones de estrés, nuestro organismo tiende a disminuir los niveles de magnesio. Se produce una mayor liberación de hormonas que favorecen la eliminación de este mineral de los tejidos del cuerpo. Esto reduce nuestras reservas de magnesio, provocando síntomas como fatiga, cansancio, calambres, temblores, taquicardia, hipertensión, insomnio y disminución de la capacidad de concentración.
Por estas razones, es necesario proteger las reservas de magnesio e integrarlo cuando sea necesario.